SEGURIDAD E HIGIENE INDUSTRIAL

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6/9/14

De eso no se habla....El de los transgénicos es un tema silenciado en la sociedad

CLAUDIO MARTÍNEZ


Claudio Martínez es biólogo, docente, académico, científico. Fotografía hecha en uno de los laboratorios de la Facultad de Ciencias. Foto: JUANJO CASTEL

El de los transgénicos es un tema silenciado en la sociedad, dijo a Brecha Claudio Martínez Debat, doctor en biología molecular y celular y docente en la sección bioquímica del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias. No hablan de él los medios de comunicación, ni las instancias de regulación ni la comunidad científica. Y no está en la agenda de ningún gran partido a pesar de ser un asunto de primera importancia que tiene que ver con algo tan esencial como los alimentos que consumimos.

Transgénicos, agrotóxicos, bioseguridad

—¿Por qué el silencio?

—Lo que pasa es que los organismos genéticamente modificados forman parte de un modelo que se aplica mejor si no hay discusión.
Es un asunto con muchas aristas. La que cito siempre en primer lugar es la económico-política, que tiene una base geopolítica: a cada lugar del mundo se le ha asignado desde los centros de poder un papel, una función en materia de producción de insumos, de commodities. Y a nosotros nos ha tocado ser parte de la república sojera del Sur.

Está luego la arista científica. De ahí surge el modelo, de las investigaciones científicas, pero en realidad es un nivel sin poder real de decisión. Quienes toman las decisiones son las grandes empresas biotecnológicas, a las cuales no les interesa discutir sobre la seguridad de los productos que generan, como tampoco les interesa hacerlo a los científicos que trabajan para ellas. Las otras aristas son la de la salud, la cultural, la medioambiental, la bioética…

—¿Hay gente trabajando en el tema en Uruguay?

—No mucha. Y menos aun desde un punto de vista independiente. Aquí en la Facultad de Ciencias hay dos grupos. Puede haber otro en Agronomía, y en el inia, pero en este caso no se trata de científicos independientes sino de gente que cree en el modelo. Tal vez no crean tanto en las compañías trasnacionales, pero ahí tendrán un problema, porque cuando logren un producto patentable, ¿quién les va a comprar la patente? ¿Hasta dónde uno es independiente al desarrollar un transgénico, vistas las enormes presiones que reciben de las grandes empresas?

Después estamos los científicos que abordamos el tema desde otra óptica. En mi caso particular lo abordo desde dos aspectos: uno es el de la materia prima y el otro el de la alimentación. En ambos casos lo he hecho a partir de demandas de la sociedad civil, de asociaciones que se nos acercaron con preocupaciones. Yo estaba trabajando en otro tema, cuando tomé contacto por primera vez con éste y encontré oportunidad de desarrollar experiencias en laboratorio. Fue cuando un grupo de productores orgánicos de maíz llegó a la facultad preocupado por saber si sus cultivos estaban siendo contaminados por el maíz transgénico. Las empresas semilleras les decían que no, les aseguraban que es perfectamente posible la coexistencia entre las dos producciones, la orgánica y la modificada genéticamente, y nosotros terminamos demostrando que no es así. Uruguay es un país muy ventoso, lo que facilita la difusión de las semillas trans por todos lados, pero en realidad el modelo de coexistencia regulada está en crisis en el conjunto del planeta. Y obviamente a las grandes compañías semilleras no les interesa en lo más mínimo si se da o no contaminación. ¿Por qué les interesaría? Paralelamente, los organismos estatales de regulación, a los que el tema debería sí importarles, se ven desbordados y reaccionan haciendo la del avestruz o pura y simplemente con inopia. El resultado de todo esto es que no hay herramientas para impedir la contaminación de la producción orgánica por la transgénica: se ha encontrado maíz modificado hasta en la Quebrada de los Cuervos, por intercambio de semillas. Y eso sucede también porque las empresas venden las semillas transgénicas sin etiquetado claro, lo que hace que un productor del Uruguay profundo no sepa con seguridad si la semilla que compró está o no genéticamente modificada: le pueden llegar a decir que no lo es, y sí lo es.

—Decías que en tu laboratorio trabajaban también sobre los alimentos.

—Sí, y es el aspecto en el que estamos actualmente más concentrados.
En 2008 vinieron a la facultad un grupo de asociaciones interesadas en saber si la polenta consumida en Uruguay tenía componentes transgénicos. Nos contactamos entonces con la división Salud de la Intendencia de Montevideo, que nos entregó un muestreo de 20 polentas, todas codificadas, sin que aparecieran las marcas. Cuando las analizamos en laboratorio, vimos que todas (pudimos extraerle el adn a 18) tenían componentes transgénicos. A partir de ahí empezamos a buscar transgénicos en otros alimentos, como quesos de cabra, hamburguesas de carne, snacks, cereales para el desayuno. En los quesos de cabra encontramos que el almidón de maíz es Bt, en los panchos y hamburguesas aparecieron adiciones con pasta de soja RR. También encontramos maíz transgénico Bt en los snacks y en los cereales.
Una cosa interesante: estas experiencias nos permitieron ir desarrollando recursos humanos de grado y de posgrado y afianzando infraestructura en esta materia, algo a lo que yo le doy especial prioridad. Y lo hicimos en colaboración estrecha con la división Salud de la Intendencia de Montevideo, que el año pasado concretó una fuerte inversión en aparatos de última generación para analizar la presencia de transgénicos en alimentos (véase recuadro).

—¿Notás una mayor sensibilidad respecto al tema en los últimos años en la Universidad?

—Sí. Una evolución positiva de los últimos años es que en la Udelar se ha ido extendiendo la preocupación por generar un debate. A nivel de rectorado y de pro rectorados (investigación, extensión, enseñanza) hay gente sensible al tema y hemos recibido apoyo. El problema es que la Universidad carece de recursos económicos suficientes.

Por otro lado, hemos ido generando un núcleo interdisciplinario interesado en los temas de transgénicos y bioseguridad. Allí hay gente de diversas facultades (Medicina, Química, Ciencias, Agronomía, Nutrición, Derecho), del Clemente Estable y de la sociedad civil.

Los científicos que estamos en este núcleo damos la cara, en el sentido de que nos interesa que haya un debate. Las compañías y algunos organismos reguladores, el poder político también en muchos casos, sostienen que los transgénicos son seguros desde el punto de vista sanitario y nosotros preguntamos de dónde sacan eso. La mayoría de las veces lo sacan de los estudios realizados por los científicos que trabajan para las propias compañías. Y resulta que hay otros experimentos, sobre animales, que van en sentido contrario. Los transgénicos, además, no vienen solos, vienen con un paquete asociado de productos agrotóxicos que nos preocupan sobremanera: sabemos de muchísimos casos de contaminación por fumigaciones con esos productos y sabemos igualmente que una parte de esos agrotóxicos quedan en el grano.

Este es un tema muy polarizado en el que muchos prefieren no intervenir. Los que están a favor no se pronuncian o lo hacen a través del gobierno.

Organizan debates, pero invitan a gente que tiene apoyos en las grandes compañías del sector, y el contenido de sus cursos está basado en una ciencia perimida, en la que se respaldan las propias trasnacionales para sacar sus productos.

—¿A qué te referís cuando decís que se basan en una “ciencia perimida”?

—La biología ha avanzado enormemente en los últimos años, al punto que las grandes verdades que dábamos en el salón de clases ya no las podemos sostener. Vos no podés aplicar un modelo como éste sin tener en cuenta que opera con interacciones complejas, en un contexto en el que cada componente incide en el otro. A mí no me pueden venir con un discurso del tipo: “introduje un gen en una planta y lo único distinto en la planta es ese gen y el resto es igual”. Es una mentira enorme. Las técnicas modernas consideran a la planta como un todo y la relacionan con el entorno en el que se desarrolla. En este caso no se la puede analizar sin tener en cuenta que vive en un entorno sometido a una alta presión de pesticidas, en el que sufre un cambio mucho mayor que la mera introducción de un segmento de adn. Cómo impacta ese cambio en la salud del consumidor es lo que no se sabe aún porque no hay demasiados estudios al respecto.

—¿La Universidad participa en alguna instancia de evaluación estatal de los productos transgénicos?

—Durante tres-cuatro años intervino en el Comité de Articulación Interinstitucional (cai), junto al msp, el latu, la Dinase, el Clemente Estable, entre otros. Pero hace dos años nos retiramos porque nuestro malestar era creciente respecto a su forma de funcionamiento. El cai no es vinculante, se puede opinar pero nada más. Reclamamos que la opinión de la Universidad fuera pública, cosa que no lo era. También que el Estado apoyara el trabajo en estos temas, y el trabajo sigue siendo honorario, lleva mucho tiempo y es como jugar con la cancha flechada, con el aditivo de que desde el punto de vista personal y profesional es muy frustrante.

Nuestra estrategia actual es fortalecer dentro de la Udelar un equipo interdisciplinario sobre bioseguridad, transgénicos y paquete asociado para luego eventualmente volver al cai bajo otras reglas del juego.

El sistema de evaluación, además, tiene una debilidad fundamental: se nos pedía que analizáramos la planta transgénica aislada del paquete tecnológico. Y al paquete tecnológico se lo dejaba de lado.

Lo que nosotros queremos es que se hable, que no se maneje el tema con la ley del silencio. A nivel científico, Uruguay tiene la oportunidad de generar toda la estructura necesaria alrededor del tema. Podemos ser referentes en la región montando laboratorios para analizar transgénicos en alimentos, en las semillas, cómo se comportan en el campo. Cuando se va a aprobar un transgénico y las compañías nos ofrecen un dossier deberíamos ser capaces de replicar esas pruebas: ¿es realmente como dicen las empresas? En Estados Unidos no hacen esos estudios y en otros lugares dicen: “como se aprobó en tal lado, también acá”. Tenemos una enorme oportunidad de distinguirnos y ya contamos con los recursos humanos necesarios.

—Cuando hablabas de investigaciones preocupantes sobre transgénicos, ¿te referías por ejemplo a las que llevó a cabo el francés Gilles Seralini?1

—Sí, a las de Seralini y a las del argentino Andrés Carrasco,2 entre otras. A Seralini se lo puede criticar por la espectacularidad mediática con que se movió, por el hecho de ser muy personalista, tal vez por alguna de sus conclusiones, pero el suyo fue un trabajo serio, llevado a cabo con los mismos protocolos que emplean los laboratorios de las grandes compañías, y fue el primero desarrollado a largo plazo. De su investigación se desprende que el consumo de transgénicos produce en las ratas envejecimiento acelerado prematuro, con lo cual los tumores que él ve aparecen más prontamente porque el glifosato, el herbicida asociado al transgénico, es un veneno potente. Se nos hizo pensar durante años que el glifosato era inocuo –yo mismo me tragué la pastilla–, hasta que Andrés Carrasco nos abrió los ojos con sus investigaciones. No sólo el glifosato, sino también los coadyuvantes que hacen que el glifosato entre a la planta y los productos de degradación del glifosato. Todos son recontratóxicos.

La campaña de desprestigio a la que fueron sometidos tanto Seralini como Carrasco por parte de las empresas fue tremenda.

Las denuncias sobre las presiones a científicos independientes que han llegado a conclusiones cuestionadoras del modelo han aparecido hasta en publicaciones académicas muy poco sospechosas de estar contra los modelos de gran producción. Es terrible lo que les ha sucedido: en Estados Unidos en su gran mayoría han sido obligados a cambiar de tema o a abandonar la ciencia.

Carrasco decía que estamos en un momento en que los científicos nos vemos obligados a demostrar la realidad en el laboratorio, cuando la realidad está ahí pero nadie la quiere ver.

—¿Y acá qué sucede? Sería raro que no hubiera presiones…

—No las conozco a un nivel tan grande. Estamos esperando el marronazo, sobre todo de parte de las empresas.

1. Véase Brecha, 28-IX-12.
2. Véase Brecha, 16-V-14.


El gran paso adelante

Martínez Debat contó a Brecha que uno de los principales avances que se han producido hasta ahora en materia de bioseguridad en Uruguay se dio a nivel municipal, en la capital.

Tiempo atrás, dijo, el núcleo interdisciplinario formado en torno a científicos de la Udelar y del Clemente Estable y organizaciones sociales presentó a la Comisión de Salud del Parlamento un proyecto de ley tendiente fundamentalmente a estipular el etiquetado obligatorio de los productos con contenido transgénico. “Quedó encajonado, pero aprovechamos la bolada y lo llevamos a la Intendencia, que ya había comenzado a aplicar su plan de alimentación saludable. La División Salud recogió el guante y aprobó una resolución realmente muy importante por la cual a partir del 1 de enero de 2015 los alimentos que contengan más de 1 por ciento de transgénicos y se comercialicen en Montevideo deberán estar etiquetados. Es una resolución de alcance municipal, pero como la Intendencia de Montevideo es la referente a nivel bromatológico en el conjunto del país es probable que al menos algunas intendencias del Interior la adopten.”


Seminario en cancillería

“Como parte de la movida del grupo interdisciplinario tratamos de encontrar oportunidades de crecer académicamente. Yo tengo una buena relación con la unam de México en análisis de cultivos y alimentos, y a partir de esa colaboración nos pusimos en contacto con académicos noruegos que a su vez tienen una pata de cooperación con Brasil, donde biólogos uruguayos hemos ido a formarnos en bioseguridad. Gracias a la acción pertinaz de cancillería, que en estos temas nos ha dado un apoyo irrestricto, logramos que esta vez el curso se haga en Montevideo, con presencia de un equipo de seis noruegos, que son de primer nivel y abordan el tema desde una mirada holística. Será una buena oportunidad para formar a la gente que está en gestión de riesgos en bioseguridad con una visión distinta a la que se les pretende ofrecer siempre.” n

(El seminario se desarrollará hasta hoy viernes en cancillería. Habrá otro, organizado por Slow Food, y sobre etiquetado de alimentos transgénicos, el viernes 12, en el Centro Cultural de España.)

Principio de precaución

“En lo personal prefiero no comer transgénicos, aun cuando sé que los estoy comiendo de todas maneras. La principal razón es que no se ha demostrado que sean seguros, y hay motivos serios para dudar de que lo sean. Las plantas trans vienen, para peor, con el herbicida asociado, al cual también me lo estoy comiendo y no tengo por qué hacerlo. Sólo un dato: cada vez hay más enfermedades crónicas no trasmisibles, y esa expansión coincide con la aparición de transgénicos en la dieta.
Por otra parte es una tremenda mentira que los transgénicos solucionen el hambre en el mundo, cuando éste, básicamente, es un problema de distribución. Si se hiciera una distribución racional de la tierra, con un plan de manejo sustentable, la realidad sería muy otra y la ingeniería genética bien podría colaborar con esto. Quienes defienden la producción transgénica por su mayor rendimiento que la tradicional, no sólo no tienen en cuenta que eso es verdad solamente a corto plazo sino sus costos asociados, ambientales y sociales. Y el modelo transgénico es como una topadora que arrasa con todo, de la mano de las grandes empresas, que son las únicas capaces de patentar un desarrollo biotecnológico por el dinero que se requiere para ello. Hoy los estados compran el paquete a las trasnacionales, porque no tienen fondos suficientes como para invertir a largo plazo.”


Informe extraído de Semanario BRECHA 



30/5/14

Lo que comemos. Debate abierto

Por Sebastián Cabrera
Los transgénicos cumplen dos décadas, pero recién ahora será obligatorio en Montevideo etiquetar todos los alimentos modificados genéticamente. El decreto entrará en vigencia a fines de año y todos se preparan.

En el laboratorio de la Facultad de Ciencias estudian alimentos transgénicos. 
Foto: Leonardo Carreño

Todo empezó con un tomate. Fue hace 20 años, en 1994, cuando entró al mercado comercial estadounidense el primer alimento modificado genéticamente. Era un tomate al que le llamaron Flavr Savr, creado por Calgene, una empresa de biotecnología. El aspecto era perfecto y el secreto estaba en que se retardaba la maduración.
Era perfecto por fuera, pero no por dentro. Resulta que la piel era blanda, el sabor extraño y la composición a veces cambiaba. Dicen que era casi como un corcho, peor incluso que esos tomate larga vida que comemos en invierno. Fue un rotundo fracaso comercial y el tomate fue retirado del mercado en 1996.
La historia la cuenta el doctor en Biología Molecular y Celular Claudio Martínez, experto uruguayo en el tema. "El tomate era feo, el público no lo aceptó", dice Martínez, en un pasillo en el tercer piso de la Facultad de Ciencias en Malvín Norte. En ese tercer piso está LaTraMA, el Laboratorio de Trazabilidad Molecular Alimentaria, donde él es profesor adjunto. Allí se dedican a extraer el ADN remanente en los alimentos y estudiar su origen. Y ahora se preparan para hacer pruebas de diferentes alimentos que tienen componentes transgénicos, en coordinación con la Intendencia de Montevideo. Porque en diciembre de 2013 la Junta Departamental aprobó un decreto que obliga a las empresas a etiquetar los alimentos transgénicos. Ese decreto entrará en vigencia, como mucho, en enero de 2015.
¿Y qué es un transgénico? Un organismo que ha recibido segmentos de ADN, llamados genes, de otra especie, con el objetivo de que tengan ciertas características deseadas. Eso se hace con técnicas de ingeniería genética. Y lo hacen solo algunas pocas multinacionales. En Uruguay los únicos transgénicos autorizados para consumo son soja y maíz. Toda la soja que se cultiva (un millón y medio de hectáreas) es transgénica y el 90% de las 150.000 hectáreas de maíz también.
Ambas tienen genes introducidos de bacterias, que le dan ciertas características. La llamada soja RR es resistente a pesticidas, específicamente al glisfosato. Así, se aplica el herbicida en la tierra para matar las malezas, se tiran las semillas de soja y crecen. Desde la última zafra también hay soja resistente a insectos.
El maíz transgénico, en tanto, está diseñado para producir un insecticida: viene con una proteína -la toxina Bt- que afecta a los insectos.
¿Funciona? Sí, pero con limitaciones, dice el profesor Martínez. Porque la naturaleza genera resistencias a los químicos, lo que a su vez hace bajar los rendimientos. "Si en teoría había que aplicar un herbicida para matar todo y que crezca solo la soja, ahora hay que aplicar otros herbicidas más para matar al resto, con lo cual cae esa idea que plantean los productores de que se iban a usar menos pesticidas con los transgénicos", dice el doctor en Biología Molecular . Y luego relata que la gráfica de importación de glisfosato ha crecido en el país "de manera dramática" en la última década.
Hoy la soja es la gallina de los huevos de oro en Uruguay: ya se exporta más que la carne. En 2013, por ejemplo, se exportaron 1.875 millones de dólares de soja contra 1.298 de carne congelada y fresca, según el instituto Uruguay XXI.
El país está décimo en el ranking mundial de cultivos transgénicos, según el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA, por su sigla en inglés). "Pero estamos primeros en la relación superficie plantada contra la superficie total", dice Martínez. "Estamos mejor que en el fútbol", se ríe.
Además de la soja y el maíz, en el mundo lo más relevante son los cultivos de algodón y canola. En menos proporción hay trigo, arroz, papaya y alfalfa entre otros (ver infografía). Entre las últimas novedades está el salmón transgénico.
En Uruguay se pueden encontrar componentes transgénicos en todos los derivados de la soja y el maíz, como la lecitina de soja o el almidón de maíz. El choclo dulce aún no es transgénico si es de producción nacional, porque durante un tiempo estuvo prohibido y todavía no se retomó. Pero sí si es importado.
En 2011 una tesis realizada en el laboratorio de la Facultad de Ciencias estudió el ADN de 18 muestras de harina de maíz, o sea polenta, y en todas se encontraron restos de ADN transgénicos. Pero también hay componentes transgénicos en alimentos que a priori uno no imaginaría, como los quesos, el yogur y las hamburguesas. A los quesos, por ejemplo, le ponen almidón: el almidón viene del maíz y el maíz es casi todo transgénico. Los quesos, además, tienen quimosina, que es transgénica. "Y algunas hamburguesas tienen pasta de soja, lo cual no es ilegal, porque está en el reglamento bromatológico", explica Martínez.
¿Y qué pasa con el maíz o la soja transgénica que comen los animales? En principio es indetectable en la carne, leche o huevos que comemos. Pero también sobre eso hay distintas bibliotecas.
Etiqueta
"Este producto contiene organismos modificados genéticamente", dirán las etiquetas de todos los alimentos que tengan ingredientes transgénicos. Pero el decreto departamental choca con un decreto anterior, de vigencia nacional, que decía que el etiquetado es voluntario.
Ahora la intendencia trabaja en la reglamentación y en forma paralela promoverá un ajuste en la redacción del decreto votado a fines de año, para ponerlo a tono con la normativa europea (donde hace años es obligatorio el etiquetado). El cambio puede sonar muy técnico pero para la gente que está en el tema es importante.
El texto original del decreto decía que debían etiquetarse los alimentos manipulados genéticamente o que contengan uno o más ingredientes provenientes de esos alimentos, "que superen el 1% del total de componentes". El nuevo texto dirá que deben etiquetarse "los alimentos que han sido manipulados genéticamente o que contienen uno o más ingredientes provenientes de éstos que superen el 1% del total de cada ingrediente considerado individualmente".
Una vez aprobada la reglamentación, se dará un período para que las empresas primero declaren cuáles son los alimentos que tienen maíz o soja transgénica y después deberán hacer el nuevo rotulado (la intendencia estima que las empresas harán, por un tema de costos, un solo rotulado para todo el país). Recién luego de eso -probablemente a inicios de 2015- se saldrá a controlar, dice Pablo Anzalone, director de la División Salud de la Intendencia de Montevideo.
La intendencia firmó un convenio de cooperación y transferencia tecnológica con el laboratorio de la Facultad de Ciencias. La facultad está formando recursos humanos de la intendencia, que a su vez brinda materiales para los estudios. En la facultad, al igual que en el laboratorio de Bromatología de la intendencia, estudiarán cientos de alimentos que pueden tener componentes transgénicos, para controlar lo que declaren las empresas. "Por ejemplo estudiaremos los panchos, que pueden tener almidón", dice Martínez, de la Facultad de Ciencias.
Las empresas productoras de semillas están en contra del etiquetado. Daniel Bayce, gerente de la Cámara Uruguaya de Semillas, dice que la normativa busca discriminar por la negativa "porque lo transgénico tiene mala prensa". Y dice que la resolución genera confusión: el gobierno autoriza un cultivo que dice que es tan seguro como el equivalente y, sin embargo, le pone una etiqueta que dice que es distinto. "¿Qué entiende el consumidor?", pregunta. "Seamos francos, no entendemos el 90% de lo que está escrito".
Nada de certezas
En la academia no hay consenso sobre los efectos que pueden causar los transgénicos. Ese es, quizás, el problema principal: no hay certezas de nada. "Si alguien te dice que los transgénicos son seguros, no le creas. Pero si te dice que los transgénicos te producen cáncer, tampoco le creas, porque aún no hay pruebas", dice Martínez. "Pero tampoco podemos cerrar esa posibilidad".
Para el doctor en Biología Molecular, "el experimento en los humanos lo estamos aplicando, lo estamos viviendo". Sí ha habido experimentos en modelos animales y en células humanas de cultivo y los resultados son preocupantes, afirma. En particular, menciona un polémico estudio con ratones en Francia, en 2012. La investigación realizada por científicos de la Universidad de Caen, dirigida por Gilles-Eric Seralini, concluyó que ratas alimentadas con el transgénico de Monsanto NK603 o expuestas a su herbicida Roundup sufrían una mayor tasa de tumores, lesiones en órganos y muerte prematura. Esa investigación luego fue desacreditada por algunos científicos, aunque otros le dan validez.
Martínez dice que hoy se sabe que el ADN que se usó para construir el transgénico no se degrada completamente en el sistema digestivo: "Es promiscuo, penetra las células e incluso pasa a la sangre de las personas. Está circulando por ahí. No todo pero sí una parte".
Y adelanta que si parte de ese ADN se integra a una célula humana "puede dar lugar a desarreglos". De ahí viene el supuesto mito de que el transgénico produce cáncer. "Pero lo real es que están aumentando los casos de enfermedades crónicas en todo el mundo", dice el experto, quien luego aclara que no está comprobado que sea por los transgénicos ni los agrotóxicos. "No hay estudios a largo plazo y no es fácil comprobar nada, porque la agresión química viene por diferentes factores".
Pero dice que el modelo transgénico no es el camino, porque la base del modelo de la soja es la aplicación masiva de glisfosato. Hay efectos negativos por la aplicación directa de herbicidas en el campo y en segundo lugar por los restos que quedan en el grano. "Me consta que se aplica mucho más herbicida del que debiera", dice Martínez.
Él, que es un biotecnólogo, intenta no comer nada que contenga transgénicos: "Ni salsa de soja". Está convencido que en todo esto de los alimentos modificados genéticamente debió haberse aplicado el principio de precaución: hasta tanto no se establezca que algo es totalmente inocuo, no se debe ofrecer.
Algo parecido piensa el ingeniero agrónomo Ariel Castro, docente de mejoramiento genético del departamento de producción vegetal de la Facultad de Agronomía. "Es verdad que los impactos ambientales a mediano plazo de algo logrado en un laboratorio no se pueden prever, ese es un principio de precaución razonable que hace que a los transgénicos haya que evaluarlos mucho", dice desde la estación experimental "Mario Cassinoni" en Paysandú, donde trabaja.
Castro define a la transgenia como una herramienta de potencial interesante, que causa fascinación científica pero tiene una importancia sobrestimada. "Hay algo de aprendiz brujo, de buscar el gen mágico", admite. Pero él se niega a analizar el tema en términos absolutos, de blanco y negro, desde el punto de vista técnico.
Dice que los cambios revolucionarios que planteaban algunas multinacionales, que decían que se podían solucionar los problemas de hambre en el mundo, no han aparecido. Pero tampoco le da mucha importancia a las denuncias de ecologistas y algunos académicos: afirma que las pruebas de daños al ambiente son relativas, aunque sabe que en eso juega el peso de la industria: "Si vos sacás un paper mediocre que dice que los transgénicos son fantásticos, no te dicen nada. Si hay una crítica, te lo van a revisar con rayos láser".
Eso sí, Castro advierte que desde el punto de vista político no simpatiza con los transgénicos porque han producido lo que llama un cambio de ambiente. Desapareció todo lo que lo hizo enamorar de la temática cuando estudiaba. "Hoy en el mejoramiento genético podés no tener un agrónomo, pero no podés estar sin abogado ni contador", explica. "Es más un problema de patentes que de agronomía o biología. Los transgénicos cambian las reglas y tienen costos tan grandes que solo los pueden financiar las multinacionales".
La polenta
Hasta hace no mucho la doctora Mabel Burger no estaba en contra de los transgénicos. Pero ahora cambió. Burger es médica internista, especializada en Toxicología. Grado cinco y ex directora del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina, de donde se jubiló hace poco, ha dedicado los últimos dos años a estudiar los transgénicos.
Y comprobó que las cosas no eran como pensaba: "Lo que nos habían dicho las empresas que traen la biotecnología era que el transgénico nos iba a traer un uso menor de plaguicidas. Y la verdad es que eso no se cumplió". Dice que un cultivo transgénico de soja requiere mayor cantidad de herbicida que un cultivo no transgénico: antes se usaban uno a dos litros de herbicida por hectárea, y ahora se usan de tres a cinco litros.
Y también dice que la soja transgénica consume "mucho más fosfato, nitrógeno, potasio" del suelo, que la soja no transgénica. Por eso, hay que usar más fertilizantes, que llevan a la eutrofización de las algas, como pasó en el Santa Lucía. "Y esa es una zona del Santa Lucía rodeada de soja, donde se ha volcado cualquier cantidad de fertilizantes", afirma Burger.
La doctora integra un grupo -con otros profesionales de la ciencia y representantes de organizaciones que promueven la alimentación saludable- que presiona para que haya una ley nacional que obligue al etiquetado de los productos.Dicen que es lo mínimo que se puede hacer, para que el consumidor pueda decidir si compra o no compra esos alimentos. El año pasado presentaron un anteproyecto en la comisión de salud de la Cámara de Diputados. Y ganaron su primera batalla: el decreto de la Junta Departamental.
Hace unos meses Burger habló en el programa La Hora Verde de UNI Radio 89.1, la radio de la Universidad. Allí dijo que "la polenta es una de las primeras comidas que el pediatra le indica a un lactante que ha tenido un cuadro digestivo agudo grave (...) Está comiendo polenta transgénica y ese niño tiene toda una vida por delante. Que hoy ingiera harina de maíz un adulto de 60 años no me preocupa mucho, es horrible lo que digo, pero me preocupa muchísimo más el niño".
En su apartamento de Malvín, Burger dice que el niño "puede desarrollar vaya a saber qué enfermedades de futuro", aunque hoy no esté bien claro qué enfermedades sean porque estamos "inundados" de distintas sustancias químicas.
Los pro y los anti
La oficina de la Cámara Uruguaya de Semillas funciona en el viejo edificio de la Cámara Mercantil en la calle Rondeau. No cumple con el estereotipo que algunos pueden tener de un lugar donde se defienden los intereses de las multinacionales del sector. La oficina es pequeña y sencilla, no hay lujos. Y hay poca gente en la vuelta.
Pero sí, en este lugar trabajan quienes representan a 39 empresas, entre ellas Monsanto, la más nombrada por los ecologistas. El ingeniero Bayce recibe a Qué Pasa en el despacho y, uno a uno, intenta rebatir los argumentos que ya ha escuchado mil veces. Dice que todo lo que está autorizado en Uruguay en transgénicos es positivo, ya que son productos resistentes a insectos y por lo tanto "no nos estamos metiendo insecticida en el cuerpo". Según él, la soja convencional requiere un paquete de herbicidas bastante más tóxicos que el glisfosato.
El producto transgénico es equivalente al convencional, afirma después. "O sea, si el maíz convencional te hacía mal,ojo que este también te va a hacer mal. Pero porque es maíz, no porque sea transgénico". Respecto a lo que dicen de que tal vez puede llegar a hacer mal, responde: "Nada demuestra ser seguro. ¿El pan que comemos ha demostrado ser seguro? Quizás al celíaco le haga mucho daño". Para Bayce, quienes rechazan los transgénicos asumen posturas filosóficas. "También hay gente que se niega a vacunarse. Bárbaro, están en su derecho. Pero no nos hagan pagar a nosotros su costo", protesta.
Si Bayce no tiene ni una objeción para hacerle a los transgénicos, su colega César Vega —también ingeniero— no tiene nada bueno para decir. Vega es el candidato a presidente por el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI), que se presenta por primera vez en esta elección.
Alto, barbudo y de pelo algo desprolijo, conduce La Voz del PERI en CX 40 Radio Fénix, algo así como una trinchera ecologista y anti transgénicos. Un lunes poco antes de las 10 de la mañana, el ingeniero entra a los viejosestudios de la emisora, saluda al abogado Gustavo Salle (quien conduce el programa que va antes) y se pone los auriculares mientras suena la cortina de la audición: una canción folclórica de Argentino Luna, que se titula "Me preguntan cómo ando".
Luna canta que "ya somos muchos con bronca y se nos apaga el tiempo", mientras Vega arranca el programa. Lamenta la reciente muerte del investigador argentino Andrés Carrasco, ex presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (Conicet) y luchador contra los agrotóxicos. "Ando paranoico. Me llama la atención que toda esta gente se nos muera", dice Vega. Y luego inicia un discurso contra los transgénicos y los agrotóxicos. Habla de alergias, problemas en el hígado, riñones e intestinos. Habla de cáncer.
Suena demasiado radical. Pero, bueno, solo dentro de algunas décadas tendremos un panorama un poco más claro sobre los efectos de todas esas novedades en nuestros cuerpos.
3 preguntas
Adriana Cauci y Paula Rama (licenciadas en nutrición, integran un grupo que promueve el etiquetado).
¿Cómo nutricionistas, ¿cuál es su opinión sobre los transgénicos?
Existen evidencias científicas de que los alimentos transgénicos pueden suponer un riesgo para la salud de consumidor. Esto se debe a varios aspectos, en primer lugar, porque al introducirse un gen diferente al "natural" del alimento, las repercusiones en el que consume dicho alimento pueden asociarse a un aumento de riesgo a padecer un mayor deterioro en órganos vitales. Por otro lado, la producción de alimentos transgénicos implica la utilización de grandes cantidades de herbicidas, plaguicidas, fertilizantes, los cuales tienen un efecto para la salud que van desde alergias hasta carcinomas,tanto en el productor y en quienes viven en la zona de producción como para el que consume los residuos de agrotóxicos en el alimento. Y por último los alimentos transgénicos se encuentran por lo general como ingredientes de alimentos industrializados, que además de contener a este, incluyen otras sustancias como sodio, grasas y azúcares los cuales son perjudiciales para el consumidor.
¿De lo que compramos en supermercados y ferias, ¿cuáles son alimentos transgénicos?
Principalmente los alimentos que contienen transgénicos son aquellos industrializados como por ejemplo los snacks (papitas, saladitos), ya que los contienen como aditivos e ingredientes. Estos ingredientes son los derivados de la soja y el maíz (en Uruguay son los aprobados por el Ministerio de Ganadería) como por ejemplo, lecitina de soja, almidón de maíz, glucosa, dextrosa y también maltodextrina.
¿Qué le aconsejan a los consumidores?
El consumidor tiene el derecho de saber qué es lo que consume, si es transgénico o no, y debe contar con esa información para decidir. Por eso, queda en evidencia que es necesaria una herramienta que le permita tomar una decisión informada y crítica que es el etiquetado de alimentos transgénicos. La responsabilidad del Estado para establecer el etiquetado está planteada, ya que es el encargado de regular la venta de alimentos a nivel nacional y departamental y garantizar el derecho de la información que tiene el consumidor.

23/2/13

En balneario Santa Ana, Colonia el M.G.A.P. intervino en plantación de soja con toxicidad comprobada

Una empresa que se encarga de  rociar plantaciones de soja con productos para combatir la maleza trabajó en un campo fuera de los 300 metros de exclusión reglamentarios  contaminando la región sur del balneario.

 El grado de toxicidad fue comprobado por técnicos del ministerio y el pasado miércoles sus actuaciones fueron elevadas a Jurídica que estaría en condiciones de aplicar sanciones.
 El productor es la segunda vez que incumple la normativa y tiene aún otra oportunidad. El ministro anunció en Rusia que se implementará un nuevo programa informático de autorización previa por GPS en todo el país

 DONDE RECURRIR ANTE PRESUNCIÓN DE PRODUCTOS QUÍMICOS
Si usted cree estar ante casos de manejo inadecuado de productos agrotóxicos puede completar el formulario de denuncia por uso incorrecto de productos fitosanitarios que aparece en la página web del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca
Puede presentarlo en la sede de Montevideo, enviarlo por fax o solicitar el envío en cualquier dependencia del Ministerio en el interior.

CUANDO SE DEBE DENUNCIAR
Cuando alguna empresa no respeta los límites de fumigación:
En aplicación aérea:
500mts de centros poblados, centros educativos o límites de predio.
30 mts de ríos, arroyos, lagos.
En aplicación terrestre:
300mts de centros poblados o límites de predio.
10mts de ríos, arroyos, lagos.
También ante circulación irregular en la vía pública de maquinaria de aplicación.
Lavado de maquinaria de aplicación en arroyos, cursos de agua en general.


Denuncias ante daños por mal uso de FITOSANITARIOS



Frente al MGAP - DGSA
Modo de actuar:
Cualquier Persona Física o Jurídica puede efectuar la denuncia completando este formulario y
enviándolo vía FAX, E-MAIL o CORREO. Tel-FAX: 02 309 8410 int. 132 tecnologiasdeaplicacion@mgap.gub.uy
MGAP –DGSA
Av. Millán 4703
Montevideo

El MGAP busca que los daños producidos no se produzcan nuevamente y que no se dañe el medio ambiente. Por lo que el infractor recibe información, capacitación, apercibimiento o sanción (registro de infractores)

ANTE LA JUSTICIA ORDINARIA
En caso de DEMANDA POR DAÑOS Y PERJUICIOS. Requiere Informe Técnico.
Comercialización
Decreto 113/90.- Inscripción en el Registro Único de Operadores (R.U.O.):
Toda persona física o jurídica que elabore o comercialice los productos
(fitosanitarios) comprendidos en el Decreto 149/977 deberá estar inscripto en la
Dirección General de Servicios Agrícolas (D.G.S.A.)

Prohibiciones y restricciones de Productos fitosanitarios
MINISTERIO DE SALUD PÚBLICA
Decreto 180/ 00:
Autoriza los productos plaguicidas de uso doméstico y sanitario.

MINISTERIO DE TRABAJO Y SEGURIDAD SOCIAL
Decreto 372/ 99
Todos los recipientes que contengan productos químicos deben estar
identificados y señalados mediante etiquetado, siendo de responsabilidad del
empleador asegurar que dicha información permanezca en el envase.
Los productos químicos deberán ser depositados en locales especialmente
destinados a ese fin, con ventilación adecuada, ubicados a distancia que
aseguren una clara separación con locales de otro uso.
A dichos locales podrá ingresar solamente personal capacitado a tales efectos.
Para los trabajadores que manipulen sustancias químicas será obligatorio
proporcionar por parte del empleador:
o La protección adecuada
o Un lugar específico para el lavado de la ropa utilizada en el manejo de
sustancias tóxicas.

MINISTERIO DE TRANSPORTE Y OBRAS PÚBLICAS
Decreto 560/ 03
Reglamento nacional sobre el transporte de mercancías peligrosas por
carreteras.

MINISTERIO DEL INTERIOR
Dirección Nacional de Bomberos.-
Habilitación de edificios y locales
Aprobación de aparatos y dispositivos destinados a la prevención o combate de
siniestros
Obligación de capacitación del personal en defensa contra siniestros
Facultades inspectivas





LA PELIGROSIDAD DEPENDE PRINCIPALMENTE DE: TOXICIDAD Y
CONCENTRACIÓN EN EL AIRE

2. Comprender el efectos para la salud
Partículas muy pequeñas (menores a 10 micrones) no pueden ser filtrados
naturalmente por el aparato respiratorio
Muchas veces el daño se observa luego de meses o años llamados
“efectos crónicos”

3. Seleccionar la protección adecuada
Existe una gran variedad de equipos.
Algunos factores a tener en cuenta:
• Eficiencia
• Resistencia a la respiración
• Ajuste de cara

• Aceptación del trabajador
• Existen modelos para cada tipo de productos
Los equipos normalmente filtran el 95 al 99,97 % de los contaminantes
• Los más eficientes pueden ser más pesados y más difíciles para
respirar
• A mayor capacidad de filtración:
• Mascara mas gruesa; más voluminosa; más pesada; más dificultad


RIESGO TOXICOLÓGICO = TOXICIDAD X EXPOSICIÓN
La elección adecuada del producto fitosanitario a utilizar y su formulación,
constituye una buena forma de manejar el riesgo asociado a su uso.

FORMAS DE CONTAMINACIÓN

  • A través de la boca (ingestión oral)
  • A través de la piel (absorción dermal)
  • A través del a respiración (inhalación)

POSIBLES DAÑOS EN EL USO DE FITOSANITARIOS
  • AL AMBIENTE
  • AL HOMBRE
  • AL PROPIO CULTIVO (FITOTOXICIDAD)
  • RESISTENCIA DE LAS PLAGAS

RUTAS DE EXPOSICIÓN:
  • Exposición oral o A través de su boca o tragando
  • Exposición dermal/ocular o Por contacto con su piel y ojos
  • Exposición inhalatoria – inhalación o Al respirar en la forma de niebla de spray, polvo o vapores

GRADOS DE ABSORCION POR LA PIEL

40% Frente
20% Abdomen
8% Antebrazo
99% Escroto
15% Pie
50% Conducto del oído
35% Craneo
10% Palma o Al respirar en la forma de niebla de spray, polvo o vapores

ALGUNOS EFECTOS DE LOS FITOSANITARIOS
  • Irritabilidad: alergia ó inflamación
  • Corrosividad: destruye tejidos
  • (herbicidas, ácidos, etc.)
  • Inflamabilidad: puede incendiarse
MEDIDAS A TOMAR COMO PRIMEROS AUXILIOS:
EN CASO DE INTOXICACION CONCURRIR AL
MEDICO LLEVANDO EL ENVASE Y ESTA
ETIQUETA.
CONSULTAR AL C.I.A.T. (HOSPITAL DE CLÍNICAS,
7mo. piso) Tel.: 1722

PRIMEROS AUXILIOS


Intoxicación por la vía dermal: Intoxicación por la vía respiratoria
• Actuar con rapidez evitando autocontaminarse durante el procedimiento;
• Retirar al intoxicado del área conde ocurrió el accidente (poner fin a la exposición);
• Quitar las ropas contaminadas del intoxicado
• Bañar al intoxicado o lavar completamente la piel con agua y jabón;
• Solicitar ayuda médica y llevar la etiqueta
• Actuar con rapidez evitando autocontaminarse
• Retirar al intoxicado del área contaminada;
• Aflojar la ropa al intoxicado o quitársela si ésta está contaminada, debe lavársele la piel con agua y jabón;
• Asistir al intoxicado con respiración artificial o con oxígeno por la vía nasal, si es necesario;
• Solicitar ayuda médica y llevar la etiqueta Intoxicación vía oral: Intoxicación vía ocular:
• Actuar con rapidez, poner fin a la exposición, quitar la ropa contaminada y bañar al intoxicado;
• Leer etiqueta (puede ser aconsejable o no inducir el vómito)
• En caso que esté inconsciente
colocar de costad
• Solicitar ayuda médica y llevar la etiqueta.
• Lavar con rapidez cualquier salpicadura que ocurra en los ojos
durante 15 minutos, con abundante agua limpia
• Evite contaminar el otro ojo
• Tapar e inmovilizar el ojo utilizando un paño limpio y seco;
• Solicitar ayuda médica, llevar la etiqueta


TRATAMIENTO de PRIMEROS AUXILIOS
Lea la sección de primeros auxilios de la etiqueta
Muestre a alguien más la información de primeros auxilios.
Lleve la etiqueta y el envase del producto con usted al médico.
Entregue la etiqueta al personal de emergencia.

PROTÉJASE

El responsable del predio debe informar a todo el personal
involucrado, antes durante y luego de la aplicación de
productos fitosanitarios

Pero su seguridad es también SU responsabilidad.
Si no entiende, pregunte

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