Las medidas
Material extraído de OBSERVADOR
El ENRICA (Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular), que analiza la frecuencia y la distribución de los principales componentes de enfermedad cardiovascular, es el más completo realizado hasta la fecha en España.
Esta investigación, realizada por un equipo de profesionales de la salud, proporciona información única que incluye examen físico y obtención de muestras biológicas de 12.000 personas adultas, y describe los factores de riesgo asociados al estilo de vida y configurados en tres vértices: cómo es la alimentación, qué actividad física se realiza y si se fuma o no. A estos coeficientes se añaden los factores biológicos (exceso de peso, hipercolesterolemia y diabetes), el conocimiento de las señales de alarma de padecer un ictus o un ataque al corazón y, por primera vez, las desigualdades socioeconómicas. Se sabía que fumar acorta la vida, que el sedentarismo disminuye la calidad de la misma, pero los datos añadidos ahora son concluyentes: las conductas alimentarias condicionan el riesgo cardiovascular y, además, estas conductas también están limitadas por el nivel socioeconómico.
En el estudio ENRICA se puede visualizar, por primera vez, una comparativa entre los objetivos nutricionales establecidos como saludables por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y la ingesta real de hombres y mujeres. De esta forma, el consumo de grasas saturadas supone el 12% de la ingesta total de energía, cuatro puntos más de lo recomendado. Para alcanzar el 8% basta reducir la presencia de carne roja, limitar los derivados lácteos grasos como la mantequilla, elegir aceite de oliva y eliminar de la dieta la bollería industrial.
También ha quedado en evidencia que se excede en el consumo de colesterol. Si lo recomendado son menos de 300 miligramos al día, se superan con creces los 400. Con limitar el número de yemas de huevo a la semana, evitar las natas y los pasteles y dejar el embutido para ocasiones especiales, se podrían arañar esos 100 miligramos, que son muchos al final del año. No obstante, la ausencia de grasas trans de la dieta (bollería industrial, precocinados, entre otros) es obligatoria para la prevención y protección cardiovascular.
Por el contrario, la ingesta de hidratos de carbono representa el 42% de la energía total, más de 10 puntos menos que el 55% recomendado, y por dos puntos tampoco se alcanzan los 25 gramos al día de fibra. Es necesario aumentar el consumo de cereales y derivados (arroz, pasta, pan o cuscús) y, sin duda, si estos fueran integrales, se podrían corregir los dos coeficientes de manera simultánea. Los minerales y los micronutrientes están presentes en el porcentaje adecuado. Solo llama la atención la cantidad de vitamina D, que es muy baja, sobre todo en personas mayores. Si bien los suplementos no son necesarios, salvo si no es posible la exposición solar, su carencia puede contribuir al desarrollo de osteoporosis.
Alimentos y hábitos, también marcan el riesgo
Solo un pequeño porcentaje, más mujeres que hombres, alcanza la recomendación de ingerir cinco piezas de verduras o frutas al día, incluir en la dieta semanal legumbres y escoger lácteos antes que dulces. En definitiva, la conducta alimentaria debe reconducirse si se quiere alejar el riesgo de sufrir un problema cardiovascular.
Hay una querencia a optar por una dieta saludable. Sin embargo, el 12% que cambió sus hábitos alimentarios lo hizo para adelgazar, un propósito incompleto si solo se consigue perder peso y no se logran hábitos sanos. El principal que hay que desterrar es la práctica habitual, y reconocida, de comer y cenar delante de la televisión. El 66% de la población admite hacerlo, pese a ser una mala receta. Se come más y peor. Esto resta mérito a la ventajosa acción de comer en casa, la costumbre mayoritaria entre los españoles que, si bien comen fuera de vez en cuando, solo el 3% está obligado a hacerlo.
Exceso de peso, hipercolesterolemia y diabetes, tres factores derivados
De comer bien, de hacer ejercicio y de escoger los alimentos devienen los factores biológicos. El exceso de peso es un problema muy frecuente en España: el 62% de la población está por encima de su peso saludable y una de cada cuatro personas padece el síndrome metabólico. Además, un tercio de los adultos son hipertensos y solo el 20% de ellos controla su tensión arterial. Estos datos, añadidos a que uno de cada dos adultos en España registra índices de colesterol elevados, tienen un panorama nada alentador. Por último, la prevalencia de diabetes mellitus aumenta año tras año.
No solo la conciencia actual (el 80% de los enfermos sabe que sufre la dolencia), sino también los malos hábitos alimentarios, la falta de práctica de ejercicio físico y el tabaquismo favorecen que los factores de riesgo cardiosaludable se potencien y fortalezcan cada año más.
Desigualdades socioeconómicas
Aunque sin profundizar en las conductas alimentarias, ENRICA destaca que en la población española persisten importantes desigualdades socioeconómicas que influyen en la salud cardiovascular. En algunos de los principales factores de riesgo destaca un gradiente educativo inverso. El porcentaje de hombres fumadores es más alto en quienes tienen estudios primarios y secundarios que en quienes han alcanzado estudios universitarios. Además, en las mujeres, la frecuencia de abandono del tabaco es menor en quienes tienen niveles educativos más bajos. También se detecta un aumento de la frecuencia de inactividad física, hipertensión arterial, obesidad general y abdominal, diabetes y síndrome metabólico al disminuir el nivel de estudios.
Por Maite Zudaire, para Eroski Consumer
Un estudio reciente advierte que muchos adultos jóvenes tienen un engrosamiento de las arterias, o arteriosclerosis, no detectado, que puede provocar enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular y la muerte.
Los investigadores examinaron a 84 hombres y a 84 mujeres jóvenes, entre 18 y 35 años de edad, y sin antecedentes conocidos de enfermedad cardiovascular ni factores de riesgo como diabetes mellitus, tabaquismo, hipertensión arterial, hipercolesterolemia o antecedentes familiares de muerte cardiaca precoz.
Aunque los participantes no tenían ninguno de esos factores de riesgo tradicionales para la arteriosclerosis, muchos presentaban otras señales de la afección, como una mayor circunferencia de la cintura y grasa visceral peligrosa que cubría los órganos internos en el abdomen y el tórax, según el estudio de la Heart and Stroke Foundation of Canada.
Los hallazgos, presentados el 25 de octubre en el Congreso cardiovascular canadiense en Vancouver, verifican investigaciones anteriores que habían hallado que hasta el 80% de los estadounidenses jóvenes muertos en la guerra o en accidentes de tráfico tenían arteriosclerosis prematura y oculta (subclínica).
“La proporción de adultos jóvenes y aparentemente sanos que se supone son “ideales de salud” que ya tienen arteriosclerosis es sorprendente”, señaló en un comunicado de prensa de la fundación el autor del estudio, el Dr. Eric Larose, cardiólogo intervencionista y profesor asistente de la Universidad de Laval en Canadá.
Los hallazgos muestran que las medidas de grasa visceral predicen mejor la arteriosclerosis que simplemente revisar el índice de masa corporal (IMC), una medida que toma en cuenta la estatura y el peso. Las personas con mayores cantidades de grasa visceral tienen más arteriosclerosis, aunque sean jóvenes y aparentemente sanas, y pueden beneficiarse de cambios preventivos en el estilo de vida.
“Sabemos que la obesidad es mala, pero estamos obviando a una gran proporción de adultos jóvenes que no cumplen con las medidas tradicionales de obesidad como el peso y el IMC”, lamentó Larose.
Anotó que es fácil evaluar los niveles de grasa visceral en el consultorio médico. Se trata simplemente de medir la circunferencia de la cintura.
“Mi mensaje para los adultos jóvenes es que no crean que son super humanos, ni inmunes a los factores de riesgo”, señaló en el comunicado de prensa la Dra. Beth Abramson, vocera de la fundación. “Es importante manejar los factores de riesgo en todas las edades. Eventualmente, el estilo de vida pasa factura. Nunca se es demasiado joven para prevenir la enfermedad cardiaca”.
Las investigaciones presentadas en reuniones se deben considerar preliminares hasta que se publican en una revista médica revisada por profesionales.
octubre 30/2011 (Medline)
La Asociación de Minorías Sexuales del Uruguay (Amiseu) anunció que cuenta con una casa ubicada en la calle Río Branco 167, donde instalará su sede y en la que funcionará un albergue transitorio para personas viviendo con VIH que provengan del interior del país y por razones médicas deban permanecer algunos días en Montevideo.
La casa le fue otorgada a Amiseu en comodato por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), pero para su efectivo funcionamiento requiere del apoyo comunitario. Este puede concretarse de diversas formas: mediante la adquisición de bonos solidarios empresariales o de ?bono amigo?, la donación de alimentos, insumos higiénicos o servicios y depósitos bancarios en la cuenta BROU Nro. 188408440 y el Colectivo Red Abitab Nro.15287.
Amiseu aclara que las contribuciones serán destinadas enteramente al acondicionamiento del local, y al desarrollo de tareas de información, educación, prevención, apoyo y contención de personas afectadas directa o indirectamente por el VIH-sida.
La organización no gubernamental también brinda consejería entre pares en el Instituto de Higiene, los martes y jueves de 9 a 12 horas.
Mayor información puede obtenerse a través de los teléfonos 908 7249 y 096 395238, e-mail coordinación@amiseu.org.uy
La fructosa es el azúcar natural más dulce. Se localiza de forma natural en las frutas y en el sirope de maíz, que en un 55% es fructosa y que se emplea sobre todo como ingrediente edulcorante en alimentos procesados (bebidas azucaradas, bollería, cereales del desayuno o galletas, entre otros). Hace unas décadas, la fructosa estaba presente en la dieta de forma muy minoritaria, ya que solo procedía del consumo de fruta y de algunas hortalizas. En Estados Unidos, a principios del siglo XX se consumía una media de 15 g/día de este azúcar. Hoy en día, esta cantidad se ha multiplicado por cuatro o cinco, debido a su omnipresencia en productos endulzados con fructosa. Algunos estudios indican que alrededor del 10% de la ingesta energética diaria proviene de la fructosa.
El daño hepático y coronario que causaría un consumo excesivo de fructosa se explica por la manera en que se metaboliza en el organismo, según ha publicado la Escuela de Medicina de Harvard. Las células del hígado son las únicas capaces de metabolizar la fructosa. Como consecuencia de este proceso, se sintetiza grasa, que se puede acumular en este órgano hasta llegar a formar el denominado "hígado graso no alcohólico". Se calcula que alrededor del 30% de los adultos de países ricos están afectados por este trastorno. Esta cifra alcanza entre el 70% y el 90% en personas que sufren obesidad o diabetes.
Esta enfermedad hepática puede discurrir sin síntomas ni complicaciones, aunque en ocasiones la grasa acumulada puede causar inflamación y fibrosis en dicho órgano y comprometer, en estados avanzados, su normal funcionamiento. La buena noticia es que el hígado graso no alcohólico, sobre todo en los estados iniciales, es reversible. La disminución del consumo de azúcares sencillos (azúcar de mesa, ya sea blanco o moreno, miel, pasteles, bollería o bebidas azucaradas, entre otros) y, en especial, de fructosa, sería beneficioso para la prevención de este trastorno y también para su tratamiento.
Efectos del exceso de fructosa
El metabolismo hepático de la fructosa tiene efectos más allá de los descritos. Hay evidencias que sugieren que seguir una dieta alta en azúcares simples, en especial de fructosa, provoca cambios poco saludables en los niveles de lípidos en sangre. Cuando la ingesta de estos azúcares es excesiva, algo habitual, aumentan los triglicéridos y el colesterol LDL (el "malo") en sangre. Pero esto no es todo, porque también facilita la acumulación de grasa alrededor de vísceras como el corazón e incrementa la presión arterial, razones que explican el aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
Estudios epidemiológicos recientes evidencian la relación entre ingestas elevadas de fructosa con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades coronarias y de mortalidad por esta causa.
Recomendaciones dietéticas
A la espera de más estudios clínicos que diluciden las causas concretas de estos hallazgos, parece sensato recomendar una disminución del consumo de azúcares simples y, en especial, de fructosa. Eso sí, no a costa de fruta fresca, que aporta múltiples beneficios nutricionales y supone una fuente poco importante de fructosa. Conviene recordar que los alimentos que más contribuyen a su ingesta son los productos dulces procesados.
Los mismos consejos que da la Asociación Americana del Corazón para evitar la ganancia de peso corporal y la alteración de los perfiles lipídicos sanguíneos son válidos para proteger el hígado y las arterias de los daños de la fructosa: limitar las bebidas azucaradas, pasteles y bollería, postres dulces, galletas y la mayoría de cereales del desayuno, entre otros.
Otras consideraciones
Es cierto que la fructosa goza de una respuesta glucémica pospandrial menor, es decir, en comparación con otros azúcares como la sacarosa o la glucosa, provoca un aumento de azúcar en sangre más moderado tras su consumo. Este hecho, que podría verse como una ventaja para las personas que padecen diabetes mellitus, no lo es en absoluto. Tanto la Asociación Americana de Diabetes como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) alertan de que ingestas elevadas de fructosa pueden conducir a complicaciones metabólicas como dislipemia, resistencia a la insulina y un aumento de las reservas de grasa en los órganos.
Por ello, conviene que las personas con esta enfermedad no abusen de productos etiquetados como "aptos para diabéticos" o "sin azúcar", ya que pueden contener fructosa en sustitución del azúcar común. La educación alimentaria del paciente con diabetes y el hábito de leer el etiquetado son las mejores armas para evitar consumir alimentos poco recomendables para estas personas.
Por María Manera para Eroski Consumer
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