Un estudio con ratones sugiere que la exposición a largo plazo a la contaminación del aire puede ocasionar cambios físicos en el cerebro, así como problemas de aprendizaje, de memoria e incluso, depresión.
Mientras que otros estudios habían demostrado los efectos dañinos de la contaminación del aire en el corazón y los pulmones, éste es uno de los primeros estudios a largo plazo que muestra el impacto negativo en el cerebro, explica Laura Froken, investigadora principal del proyecto y estudiante de doctorado en neurociencia en la Universidad Estatal de Ohio
“Los resultados sugieren que una exposición prolongada al aire contaminado puede tener efectos negativos visibles en el cerebro, lo cual podría ocasionar varios problemas de salud”, apunta Fonken. “Esto podría tener implicaciones importantes y problemáticas para aquellas personas que viven y trabajan en áreas urbanas contaminadas.” Para este estudio, publicado en Molecular Psychiatry (doi: 10.1038/mp.2011.76), Fonken y sus colaboradores del Departamento de Neurociencia de la Universidad Estatal de Ohio trabajaron con investigadores de la Universidad del Davis Heart y el Institudo de Investigación del Pulmón.
En estudios previos con ratones, el grupo de investigación Davis observó que el material particulado del aire causa inflamación generalizada en el cuerpo y se lo relaciona con hipertensión arterial, diabetes mellitus y obesidad. Este nuevo estudio pretendía aplicar los resultados al efecto de la contaminación del aire en el cerebro. “Cuanto más sabemos sobre los efectos en la salud de una prolongada exposición al aire contaminado, más razones tenemos para preocuparnos -dice Randy Nelson, coautor del estudio y profesor de neurociencia y psicología en la universidad estatal de Ohio–. “Este estudio añade evidencia de los efectos negativos del aire contaminado en la salud”.
En el nuevo trabajo, los ratones estuvieron expuestos, unos a aire filtrado y otros a aire contaminado, durante seis horas diarias, cinco días a la semana, durante diez meses, casi la mitad del período de vida del ratón. El aire contaminado contenía materia particulada, el tipo de polución causada por los automóviles, fábricas y polvo natural. Las finas partículas son diminutas, en torno a los 2,5 micrómetros de diámetro o una trigésima parte del grosor común de un pelo humano. Estas partículas pueden alcanzar áreas profundas de los pulmones y otros órganos del cuerpo.
La concentración de materia particulada a la que fueron expuestos los ratones es la equivalente a la que está expuesto un ser humano en algunas áreas urbanas contaminadas. Tras diez meses de exposición al aire contaminado o al filtrado, los investigadores llevaron a cabo una variedad de pruebas conductuales con los animales.
Para estudiar el aprendizaje y realizar pruebas de memoria, colocaron a los ratones en el centro de una pista iluminada y les dieron dos minutos para intentar escapar a través de un agujero que llevaba a una caja oscura en la que se sentirían más cómodos. Tras cinco días de entrenamiento para localizar el agujero de escape, los ratones que respiraron el aire contaminado tuvieron más dificultad para aprender dónde se encontraba el agujero. A los ratones expuestos al aire contaminado también les costaba más recordar dónde estaba el agujero cuando se les ponía a prueba posteriormente.
En otro experimento, los ratones expuestos al aire contaminado mostraron más comportamientos depresivos que los ratones que respiraron aire filtrado. Los ratones del aire contaminado mostraron signos de niveles de ansiedad conductuales más altos en una de las pruebas, pero no en otra de ellas.
julio 6/2011 (JANO)
L K Fonken, X Xu, Z M Weil, G Chen, Q Sun, S Rajagopalan, R J Nelson. Air pollution impairs cognition, provokes depressive-like behaviors and alters hippocampal cytokine expression and morphology. Molecular Psychiatry, versión preliminar julio 5/2011
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7/7/11
28/2/11
AIRE CONTAMINADO GENERA MÁS ATAQUES CARDÍACOS QUE LA COCAÍNA
La contaminación del aire produce más ataques al corazón que el consumo de cocaína e implica un riesgo cardíaco tan alto como el alcohol, el café y el esfuerzo físico, informaron científicos el jueves. El sexo, la ira, el consumo de marihuana y las infecciones respiratorias o torácicas también pueden disparar ataques cardíacos de diferente tenor, dijeron investigadores, pero la contaminación del aire -particularmente por el tráfico- es el mayor culpable.
Los hallazgos, publicados en la revista The Lancet en la edición del 24 de febrero, sugieren que factores como la contaminación del aire deberían tomarse más seriamente cuando se consideran los riesgos cardíacos y deberían ponerse en contexto junto con riesgos mayores pero relativamente más raros como el uso de drogas.
Tim Nawrot de la Universidad de Hasselt en Bélgica, quien dirigió el estudio, señaló que espera que sus hallazgos también alienten a los médicos a pensar con más frecuencia sobre los riesgos al nivel poblacional.
“Los médicos siempre están viendo pacientes individuales y los factores bajos de riesgo no parecerían tan importantes a nivel individual, pero si son prevalentes en la población, entonces tienen una mayor relevancia en la salud pública”, indicó Nawrot en la entrevista telefónica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la contaminación del aire como “un riesgo ambiental importante para la salud” y estima que causa anualmente alrededor de dos millones de muertes prematuras en todo el mundo.
El equipo de Nawrot combinó datos de 36 estudios separados y calculó el riesgo relativo por una serie de disparadores de ataque cardíaco y la proporción total de infartos que causaría cada uno de ellos.
El que generó una mayor proporción fue el tráfico, seguido del esfuerzo físico, el alcohol, el café, la contaminación del aire y luego la ira, el sexo, el consumo de cocaína, de marihuana y las infecciones respiratorias.
“De los disparadores de ataque cardíaco estudiados, la cocaína es el más propenso a generar un episodio individual, pero el tráfico tiene el mayor efecto poblacional dado que más personas están expuestas a él”, escribieron los investigadores.
Londres, febrero 24/2011
Los hallazgos, publicados en la revista The Lancet en la edición del 24 de febrero, sugieren que factores como la contaminación del aire deberían tomarse más seriamente cuando se consideran los riesgos cardíacos y deberían ponerse en contexto junto con riesgos mayores pero relativamente más raros como el uso de drogas.
Tim Nawrot de la Universidad de Hasselt en Bélgica, quien dirigió el estudio, señaló que espera que sus hallazgos también alienten a los médicos a pensar con más frecuencia sobre los riesgos al nivel poblacional.
“Los médicos siempre están viendo pacientes individuales y los factores bajos de riesgo no parecerían tan importantes a nivel individual, pero si son prevalentes en la población, entonces tienen una mayor relevancia en la salud pública”, indicó Nawrot en la entrevista telefónica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la contaminación del aire como “un riesgo ambiental importante para la salud” y estima que causa anualmente alrededor de dos millones de muertes prematuras en todo el mundo.
El equipo de Nawrot combinó datos de 36 estudios separados y calculó el riesgo relativo por una serie de disparadores de ataque cardíaco y la proporción total de infartos que causaría cada uno de ellos.
El que generó una mayor proporción fue el tráfico, seguido del esfuerzo físico, el alcohol, el café, la contaminación del aire y luego la ira, el sexo, el consumo de cocaína, de marihuana y las infecciones respiratorias.
“De los disparadores de ataque cardíaco estudiados, la cocaína es el más propenso a generar un episodio individual, pero el tráfico tiene el mayor efecto poblacional dado que más personas están expuestas a él”, escribieron los investigadores.
Londres, febrero 24/2011
(Reuters)NOTA: Los lectores del dominio *sld.cu tienen acceso al texto completo de este artículo a través de Hinari.
Public health importance of triggers of myocardial infarction: a comparative risk assessment
(doi:10.1016/S0140-6736(10)62296-9)
Public health importance of triggers of myocardial infarction: a comparative risk assessment
(doi:10.1016/S0140-6736(10)62296-9)
8/2/11
ARSÉNICO, CADMIO Y PLOMO : CONTAMINACIÓN CON METALES TÓXICOS
Científicos del proyecto financiado con fondos comunitarios PHIME («Impacto en la salud pública de la exposición a largo plazo a concentraciones bajas de elementos variados en estratos sensibles de la población») advierten que incluso un nivel bajo de exposición a metales tóxicos puede resultar perjudicial para la salud humana. El equipo de PHIME hace un llamamiento a los responsables políticos para que controlen de forma sistemática los niveles de metales tóxicos a los que está expuesta la población y tomen medidas para reducir la emisión de este tipo de sustancias al medio ambiente.
PHIME recibió 13,4 millones de euros de financiación a través del área temática «Calidad y seguridad alimentaria» del Sexto Programa Marco (6PM) de la UE. El proyecto se propuso investigar la exposición a metales tóxicos, su impacto en la salud pública y las fuentes de emisión. PHIME se centró en grupos vulnerables como fetos, bebés y niños, mujeres en edad fértil y mujeres mayores.
Uno de los metales investigados fue el arsénico, calificado por el coordinador del proyecto Staffan Skerfving de la Universidad de Lund (Suecia) como «un elemento feo». «Es muy tóxico para el feto», indicó a CORDIS Noticias, y explicó que los fetos expuestos a niveles elevados de este metal tóxico corren un riesgo mayor de aborto, malformación y muerte perinatal. El arsénico también afecta al sistema nervioso central y los niños expuestos a él durante el embarazo y durante los primeros compases de la vida pueden ver reducido su coeficiente intelectual. Más adelante, la exposición a arsénico puede desactivar el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de cáncer.
La investigación de PHIME ha revelado que la vulnerabilidad a los efectos del arsénico y otros metales tóxicos se debe en parte a factores genéticos. «Algunas personas pueden deshacerse del arsénico mucho mejor que otras y hemos estudiado poblaciones muy expuestas al arsénico para descubrir por qué», indica el profesor Skerfving.
Por ejemplo, ciertos habitantes de los Andes se han visto expuestos a entornos con arsénico durante miles de años y parece ser que han desarrollado la capacidad de vivir en esta situación. «Se ha producido una selección [natural]», indica el coordinador del proyecto. En cambio, los habitantes de Bangladesh, donde la presencia de arsénico en el agua de consumo es un fenómeno relativamente reciente provocado por la perforación de millones de pozos, son aún muy sensibles al arsénico.
Otro elemento estudiado por PHIME es el cadmio. En este caso el grupo en mayor riesgo es el de las mujeres mayores por dos razones. En primer lugar porque la exposición al cadmio aumenta el riesgo de osteoporosis en mujeres. Las mujeres son especialmente vulnerables a la contaminación por cadmio debido a que también son más propensas a sufrir deficiencia de hierro, lo que a su vez provoca una mayor absorción de cadmio en el tracto gastrointestinal. Con el paso de los años el cadmio se acumula en el organismo. En segundo lugar, el cadmio simula los efectos de la hormona estrógeno y podría aumentar el riesgo de padecer cánceres dependientes de estrógeno como el de pecho.
La exposición al cadmio procede de los alimentos, pues se trata de un elemento común en los fertilizantes y las plantas lo absorben a través de sus raíces. La investigación de PHIME ha desvelado que incluso un nivel bajo de exposición como el de Suecia puede ser perjudicial para la salud humana. El problema radica en que el cadmio permanece en el medio ambiente durante mucho tiempo.
«Las emisiones industriales y los fertilizantes con cadmio deben prohibirse para eliminar un riesgo ya presente», enfatiza el profesor Skerfving.
Uno de los grandes logros recientes en relación a un metal tóxico tuvo que ver con el plomo. Su eliminación de la gasolina redujo enormemente la exposición de los niños a la contaminación por este metal. No obstante, el profesor Skerfving advierte que no es momento para la autocomplacencia. «La reducción observada, pese a ser muy buena, no es suficiente», indica. «Sigue produciéndose un efecto y aún hay mucho que avanzar.»
El plomo aún se introduce en el medio ambiente debido a las emisiones industriales, y en el entorno todavía existe plomo procedente de la gasolina.
El proyecto PHIME está a punto de finalizar, pero el profesor Skerfving indica que aún es necesario investigar mucho más este ámbito. «Debemos controlar mejor la exposición a metales tóxicos», indica. Aunque existe cierta cantidad de información sobre la exposición a plomo y cadmio de ciertas poblaciones, no se están realizando trabajos para medir de forma sistemática la exposición a otros metales tóxicos.
El equipo de PHIME también desea que se amplíe la investigación realizada sobre el efecto de los metales tóxicos en las plantas. El proyecto ha realizado gran cantidad de trabajo en este ámbito, pero aún es necesario obtener más información. «¿Es posible criar tipos de trigo y arroz que acumulen menos cadmio y más zinc?», plantea el profesor Skerfving.
Por último, debe ampliarse la investigación sobre las condiciones genéticas que determinan los efectos tóxicos, tema estudiado por el proyecto PHIME en profundidad. «Existen diferencias enormes en la susceptibilidad [genética] a los metales tóxicos y desearíamos averiguar por qué», indica el profesor Skerfving.
Mientras tanto, el equipo se dedica a entrevistarse con responsables políticos de toda Europa para asegurarse de que sus descubrimientos se transforman en políticas que protejan a la población frente a los efectos de los metales tóxicos.08/02/2011 9:43:46 - Comisión Europea CORDIS
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